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De enojos y frustraciones superadas

Cuando hay mucho estrés y de pronto te das cuenta que no te calienta ni el sol, solo hay una cosa, el enojo te ha conquistado. Después de una situación que me pasó hace unos días, en calma ya, pensé en el significado que para mí es el enojo, pero primero quise ver en el dicciónario de la Real Academia Española que quería decir, y según la RAE el enojo es:

(De enojar).

1. m. Movimiento del ánimo que suscita ira contra alguien.

2. m. Molestia, pesar, trabajo. U. m. en pl.

3. m. ant. agravio (‖ ofensa).

El enojo según yo:

La manifestación de la frustración.

He llegado a la conclusión que los enojos son viles expresiones de lo que pretendemos hacer de alguna manera o esperamos que sea de alguna forma que al final no sale -ya sea que dependa de nosotros o de un externo-. Primero que nada, las personas que se frustran por todo deben eliminar la creencia que lo externo lo pueden controlar, así es, tú no puedes hacer nada respecto a lo que depende de otra persona o el entorno, así que las personas que ya pasaron la adolescencia se ven muy inmaduras sí este tipo de situaciones los frustran. Es díficil pero se aprende y lo mejor es respirar.

Definitivamente la gente que no se enoja o tiene un nivel de frustración bajo, en mi opinión no la entiendo, pero considero que es gente mucha más madura que sabe ver las situaciones desde un contexto más objetivo y de plano “no se enganchan”, ¡suertudotes! sin embargo creo que el enojo algunas veces es necesario de expresar porque no se puede ir por la vida tragando camote y dejando que el de enfrente sea un abusivo que siempre logre su cometido sin importar lo que le pase al projimo.

Todo este chorote me cayó en la cabeza después de que una “lady” se pasó un alto en una glorieta muy transitada al sur de la ciudad donde además no hay carriles marcados. Yo iba hacía la izquierda y al momento que ésta señora se pasa el alto, casi me choca, obvio me dio la histeria total y le empecé a tocar el claxón, se hizo la que no pasaba nada y antes de llegar al siguiente semaforo en alto, nos toca juntas, pues esa mujer baja el vidrio y me pinta el dedo más vulgar que he visto (ni para que describirlo, me bajaría a su nivel). Sé que en otro momento yo le hubiera gritoneado o solo le hubiera regresado el complemento que me hizo, pero esta vez solo voltié y le dije, “te voy a pasar porque tengo que ir a la izquierda, gracias”, bastante serena, se puso el siga, me le adelanté y seguí hacia la izquierda.

No voy a negar que ya más adelante seguía como muy caliente de la situación, pero me di cuenta que enojarme me hubiera llevado a hacer algo poco maduro y en una de esas peligroso (si le contestaba igual, seguro se bajaba a pegarme), respiré y poco a poco empecé a sentir más tranquilidad y me dio mucha emoción mi reacción ya que ante este tipo de cosas sí me enchilo. Ese día en la tarde tuve una plática relacionada al acontecimiento de la señora grosera y el comentario a mi reacción fue atinadísimo: “El enojo aireado -el que se manifiesta y todo mundo se da cuenta- sólo lleva a más enojo y frustracion, porque con ello no se resuelve nada y el que se queda enganchado eres tú”.

Poco a poco a los enojones tipo yo que tenemos poco nivel de frustración, con dedicación se va quitando, les sugiero pensar en esto, ¿Qué les ha traido de beneficio enojarse?, mi recomendación es respirar y no reaccionar al instante, controlen lo que sí está en sus manos y dejen que lo externo actue como sea, pero contrólense a sí mismos y van a ver la sensación de felicidad que les deja.

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Archivado bajo COTIDIANIDAD, DE DAR, DE HACER, DE NO HACER